Utilizando unos elementos escénicos
muy simples, pero apoyándose en el poder sugestivo de la palabra,
dos actrices consiguen transformar un rincón de un aula en un
divertido ascensor. El alumnado traspasa su puerta y durante quince
minutos se siente intimidado por el diálogo y el contacto físico
con los personajes. Resulta difícil sostener la ilusión de la
cuarta pared cuando actores y espectadores comparten seis metros
cuadrados de escenario. Precisamente este es el principal recurso
dramático del microteatro: la intimidación por la proximidad
física.
En definitiva, la actividad ha servido
para mostrar a nuestro alumnado que en el juego dramático se pueden
alterar las reglas y que ser espectador no es únicamente sentarse
cómodamente en el patio de butacas para mirar y comprender: a veces
es inevitable sentirse parte fundamental de la representación. Pocos
veces una actividad tan breve, puede resultar tan instructiva.
Quiero destacar la profesionalidad de
las actrices que supieron adaptarse a las características de un
público dificil y exigente (3º y 4 ESO); así como sobrellevar el
esfuerzo físico que supone cinco dramatizaciones de la misma obra en
una mañana.
1 comentario:
Desde luego como seguidor del teatro desde hace años, creo que debería estar en las aulas con mayor frecuencia. Os recomiendo las obras de teatro en Madrid de Canal , son excelentes en organización e instalaciones.
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