Hace un par de semanas, en el instituto en el que trabajo, tuvimos la ocasión de conmemorar el Día Internacional del Teatro, motivo por el cual el Departamento de Lengua española en colaboración con el equipo de la Biblioteca organizó una interesante actividad dirigida a todo el alumnado del Centro. Dicha actividad consistió en la representación de breves fragmentos teatrales (en concreto una escena de Luces de Bohemia, otra de Romeo y Julieta y una adaptación libre del Sueño de una noche de verano) a cargo de algunos alumnos de Bachillerato, quienes se encargaron de representrarlas en los diferentes niveles educativos. El objetivo con el que se planteó la actividad fue, además de la conmemoración en sí, sorprender a los alumnos con algo nuevo, diferente y sacarlos así de una rutina que tantas veces les "aburre". Desde luego, el objetivo se cumplió.
En concreto, a mí la representación de Luces de bohemia me "atropelló" mientras hablaba de Sintaxis a los alumnos de 4º de la ESO. Su reacción fue inusual:bocas calladas, ojos abiertos y máxima expectación por parte del público y corazones agitados y muchísima ilusión en el escenario. Bajado el telón, los segundos se fueron como vinieron, sin hacer ruido ni molestar. Los primeros dejaron claro que aquel día no iba a ser el de la Sintaxis. En cuanto pudieron reaccionar lo primero que preguntaron fue ¿por qué? Estaban sorprendidos, nunca habían vivido algo similar y, sin duda, les había gustado.
Motivos suficientes para hacer muchas preguntas.
Motivos suficientes para hacer muchas preguntas.
Dedicamos el resto de la sesión a hablar de lo que habían visto, cuáles eran sus opiniones, qué habían entendido, qué les parecía la interpretación, cuál era su opinión sobre la puesta en escena,etc. En lo que sí coincidieron todos fue en calificar esa experiencia de sorprendente, divertida, interesante y, sobre todo, diferente. Quizás lo más llamativo resultó que ningún alumno hiciese una valoración negativa de lo que acababa de ver. Quizás porque realmente les había gustado.
Decidí entonces plantear un debate abierto sobre qué era el teatro para ellos, si les gustaba o no, si acudían con frecuencia al teatro, qué obras preferían, etc. Me pareció oportuno, además, trasladar este debate a los diferentes niveles educativos en los que imparto clase y pedirles que lo hiciesen además por escrito (el simple hecho de decirles que sus comentarios se colgarían en nuestro blog fue motivo suficiente para animarlos a escribir).
Y en este punto andamos ahora, analizando comentarios, sacando conclusiones y, sobre todo, intentando buscar soluciones. Y digo buscar soluciones porque está claro que tenemos un problema: a los adolescentes les gusta el teatro, les divierte, les entretiene, les hace reflexionar, les motiva, muestran una actitud positiva hacia las representaciones teatrales. Enma López dice del teatro que "es una forma de expresión muy bonita" y Adriana Agilda puntualiza que "además de divertirse, es una forma alternativa al cine". Otros alumnos como Juan Paradelo o Nerea Gómez no dudaron tampoco "de la diversión que aporta el teatro" mientras que Andrea Román incluso fue más allá y reconoció que el teatro es "como olvidarme por un momento de lo que está pasando y centrarme sólo en la historia que está viendo". Evasión y diversión fueron los adjetivos más recurrentes que emplearon mis alumnos para calificar el teatro.
Pero no solo es que les guste sino que además saben perfectamente qué es el teatro, qué lo diferencia de otras artes y dónde reside su magia. Les gusta porque, en palabras nuevamente de Adriana, "los actores son más expresivos y más cercanos por lo que tienes la sensación de que estás más implicado" mientras que Nerea lo ve como la ocasión para "imaginar muchas cosas y soñar despierto, viendo a los actores que representan la obra muy ilusionados" y Enma aclara que si le gusta es porque "lo vives en primera persona, es muy cercano".
Además son capaces de reconocer el mérito de los actores y el trabajo que supone llevar a la escena cualquier obra teatral. En este sentido Jose Luis Represas reconoció que "el teatro es un lugar en el que no hay ni trampa ni cartón; aquello no es el cine, si te sale mal no repites la escena" y Alfredo Rodríguez mantiene la misma idea cuando dice que " es una forma muy difícil de contar una historia, todo seguido, sin repeticiones; además se necesitan largas horas de ensayo y capacidad de improvisación y concentración porque hay que amoldarse a los imprevistos".
Al preguntarles si les gustaba ir al teatro y si irían con más frecuencia si tuviesen la ocasión la contestación fue unánime: ¡claro,profe! Curiosa respuesta si la comparamos con las que dieron cuando se les preguntó con qué frecuencia acudían a representaciones teatrales y en compañía de quién lo hacían. Respuesta mayoritaria: pocas veces y con el instituto. ¿Por qué si les gusta el teatro no van más? En esto también hubo coincidencia de respuestas: "es caro", "no me llevan", "no sé qué obras se representan", "mis amigos no van", "prefiero otras alternativas de ocio". Quizás aquí está la raíz del problema.
Sobre el teatro hay una idea preconcebida de que es algo caro y excepcional. Nada de cierto si lo comparamos con la realidad y el precio de las entradas para según qué partidos de fútbol en los que el estadio está lleno, las entradas de determinados conciertos, una entrada de cine o demás alternativas de ocio a las que están acostumbrados los adolescentes.
El argumento tan repetido de que "sus padres no los llevan" no carece de fundamento. Muy pocos alumnos (no más de cinco) reconocieron asistir de manera habitual a las representaciones tetarales que se hacían en su ciudad y ,además, hacerlo en compañía de sus padres. Pero ¿por qué no los llevan al teatro pero en cambio sí hacen largas colas con ellos para entrar al estreno de la última película de ese actor que tanto les gusta? Quizás puede tener algo que ver el hecho de que el teatro tampoco es una alternativa de ocio muy habitual entre adultos.
Por otro lado, Nereida Rodríguez reconoce que "no va más al teatro porque ni nos informan mucho ni nos molestamos mucho en preguntar". Exacto. Los medios de comunicación nos bombardean continuamente con competiciones futbolísticas, estrenos de cine, giras, espectáculos musicales pero, ¿y el teatro? ¿cuándo hay teatro? ¿dónde? ¿cuánto cuesta una entrada? Es cierto que si uno quiere, como dice Nereida, se puede molestar en informarse pero también es verdad que la falta de difusión es un lastre más para el teatro.
Y con esto llegamos de nuevo a la pregunta del título ¿por qué los adolescentes no van más al teatro? Acabamos de esbozar posibles razones. Pero mi intención con este post no era discutir este tema sino, más bien, abrir el debate a la búsqueda de soluciones. Considero necesario rescatar el teatro, darle su sitio en las aulas, en las programaciones y secuencias didácticas, ante la sociedad en general. Creo que es oportuno que incorporemos el teatro a nuestro trabajo diario para que los alumnos lo conozcan, lo entiendan, comprendan qué es, cómo nace y qué nos aporta. Es necesario incorporarlo porque les gusta, les atrae, les sorprende y les saca de la rutina a la que están tan acostumbrados. Si lo hacemos entre todos probablemente ganaremos espectadores adolescentes que encuentren una nueva forma de ocio, de diversión, de evasión y, sobre todo y ante todo, de enriquecimiento cultural. En nuestras manos está.
Nota: un agradecimiento especial para todos los alumnos que hicieron posible este post con sus comentarios, fueran citados o no. Y especialmente a Paula Adalid, autora de la viñeta que ilustra este comentario, por saber disfrutar del teatro y permitir que nosotros disfrutemos con sus dibujos.
3 comentarios:
He disfrutado leyendo tu reflexión y los comentarios de los alumnos. También me he quedado con la excelente idea para celebrar el Día Internacional del Teatro. Enhorabuena.
Muchas gracias por compartir esta información, pienso que esto es una semilla que crecerá.
Estoy con Julia, creo que es muy interesante celebrar el Día Internacional del Teatro. A mí me aficionaron mis padres desde pequeña, que me llevaban a ver obras de teatro en madrid y me considero una fan incondicional, sobretodo de obra clásica. Muy recomendable
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