Todos me preguntaron cómo enloquecí. Fue así. Hace muchísimo tiempo, mucho antes de que nacieran nuestros dioses, desperté de un profundo y largo sueño y noté que todas mis máscaras habían sido robadas. Sí, las siete máscaras que yo me había hecho y usado en mis siete vidas. Y sin máscara corrí por las calles llenas de gente clamando: “Ladrones ¡malditos ladrones!”.
Muchos hombres y mujeres se rieron de mí y otros se encerraron en sus casas atemorizados.
Y, cuando entré en la plaza del mercado, un joven desde la azotea de su casa me señaló gritando. ¡Es un loco! Levanté los ojos para mirarlo y fue entonces cuando el sol iluminó por primera vez mi rostro desnudo, y no quise volver a ponerme una máscara. Y enajenado grité: ¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que robaron mis máscaras!
Y entonces me sentí libre y seguro en mi locura; la libertad de la soledad y la seguridad de nunca ser comprendido, pues quienes nos comprenden nos convirtieron en esclavos. (...)
El Loco, Vibran Jalil Gib
LAS FLECHAS DEL ÁNGEL DEL OLVIDO
En muchas ocasiones solo cuando nos dejamos morir un poco es cuando realmente comenzamos a vivir. Sinisterra parece saberlo mejor que nadie y crea una cárcel de recuerdos para su personaje principal en “Flechas del ángel del olvido”. Encierra en su pabellón de reposo particular a la cordura, y son en cambio los personajes a los que deja fuera de él los que realmente se han vuelto loc@s. Son loc@s de amor, de pena, de tristeza, de sufrimiento, de dolor, de angustia, de ausencias, de besos… loc@s que se aferran al pasado para seguir a flote. Los recuerdos de vidas pasadas y compartidas les conducen por caminos angostos, por reproches, por vivencias sin las que no parece posible seguir adelante.
Siguiendo la estela de Erasmo en su Elogio de la locura, dibuja los miedos eternos de cada uno@ de nosotr@s a través del abandono posible de las personas que nos rodean y que llenan nuestra vida de gracias a veces y de desgracias otras, pero sin l@s que, aparentemente parecemos no ser nadie.
Sinisterra ha sido capaz de tachar y romper el folio en el que comenzamos a escribir lo que somos, una reflexión sobre la muerte dentro de la propia vida, una vida sin lo que hemos sido, es decir, otra vida, otra oportunidad que nos aleja de l@s otr@s, de los que nos han servido de compañer@s en algunas ocasioes, de torturadores/as en otras.
"Flechas del ángel del olvido” es en esencia el rastro que dejan los pecados mortales de la estulticia, aquellos que con su llegada parecen recordarnos que solo somos con nosotr@s cuando dejamos de ser con los demás.
Cristina Corral Soilán

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