jueves, 3 de febrero de 2011

Una reflexión sobre el futuro del teatro


Este fin de semana tuve la suerte de poder leer el artículo de Gonzalo Andino en el último número de La Teatral. El artículo, que se titula ¿Qué significan los recortes? y cuyo subtítulo reza Los peligros de la dialéctica, me ha hecho reflexionar. El contenido del mismo, como cualquiera puede imaginarse a partir del título, trata acerca de los recortes -curioso eufemismo para referirse a bajada de sueldo- que está sufriendo el teatro andaluz. Al parecer, en vista de las directrices europeas de ahorro en gasto público, la Junta de Andalucía ha decidido bajar -que no recortar, porque se recorta lo que sobra- un 25% o un 30% las subvenciones que venía recibiendo el teatro andaluz. Esta situación puede aplicarse a cualquier comunidad española, y me atrevería a decir que al mundo entero. No sé en concreto las cifras que baraja el gobierno gallego y ni tan siquiera sé si ya han presupuestado las partidas para cultura, pero estoy seguro de que, si no lo han hecho ya, lo harán. Y lo mismo podría decir de la Comunidad de Madrid, de la Generalitat catalana y de la Junta de Castilla y León. El artículo de Gonzalo Andino se lamenta de estos recortes y augura entre líneas una próxima muerte del teatro andaluz.
Es, precisamente, este último punto el que me ha hecho reflexionar. Comenta Andino que está harto de oír que los de la cultura sólo quieren chupar. En parte estoy de acuerdo con él, pero también comprendo a los gobiernos que tienen muy complicado venderle a la opinión pública que mantienen una subvenciones millonarias mientras la sequía presupuestaria agota la última vena de los 420 euros -sí, ya sé que los clubs de fútbol tienen deudas millonarias con el fisco, pero eso poco importa porque Messi marcó dos goles este fin de semana-.
El problema es complejo. No creo que el teatro vaya a desaparecer víctima de esta crisis, pero sí que está inmerso en una deriva que supone varias décadas de involución. Los adalides del sistema neoliberal -los mismos que nos traído hasta aquí y ahora ponfifican en Davos- nos dirán que el modelo actual está agotado y que optemos por otro más del estilo anglosajón, basado en donaciones privadas y en la ley del mercado; que sea el mismo teatro el que se autofinancie por medio de la publicidad y de la asistencia a las salas. Aquí es donde veo yo el problema. Sin un euro de subvenciones y en un mundo en el que ni el editor más iluminado se atrevería a publicar El Ruido y la Furia y El Código da Vinci vende millones de ejemplares, mucho me temo que, si el teatro quiere sobrevivir, las obras tendrán que convertirse en subproductos culturales, comerciales y asequibles para tener tirón entre el gran público. Y aquí volvemos al principio de mi razonamiento: el teatro tiene que estar subvencionado precisamente para evitar eso. Otra cosa es que, además de un arte comprometido, sigamos encontrando en las carteleras obras facilonas y superficiales concebidas con espíritu comercial -vivimos en un mundo libre y cada uno se entretiene como quiere-, o que las subvenciones se repartan como Dios manda y que no sean para los cuatro de siempre. El teatro necesita ser subvencionado para no caer en la degradación del mercado. No es que los del teatro quieran vivir del cuento -alguno hay, como en todos los sitios-, es que sin la libertad creativa que suponen las subvenciones -y aún así no siempre-, el teatro de calidad, arriesgado y experimental desaparece.
Sé que los que aman de verdad el teatro seguirán en la brecha, como los que adoran la novela o la poesía. Pero para escribir una novela o componer un novela bastan un bolígrafo y un par de folios -unos dos euros en cualquier papelería-, y para la puesta en escena de una obra, por sencilla que sea, hace falta mucha pasta.
Como digo, el problema es complicado. O cambiamos el sistema, o ... Pero yo no quiero que esto derive en un panfleto político, ni mucho menos. Sólo digo que me he puesto a pensar y creo que el problema es complicado.

1 comentario:

Julia dijo...

Curro, me temo que tus temores puedan llegar a ser ciertos. Publicaba hoy El País una pequeña noticia en que se hablaba precisamente de eliminar algún tipo de subvención.