lunes, 31 de enero de 2011

Es difícil enseñar a disfrutar el teatro


Creo que he conseguido que mis alumnos disfruten de la literatura dramática. He logrado que sean conscientes de lo característico de este género literario. Sabemos la utilidad de un buen texto para desarrollar la competencia comunicativa y todas aquellas competencias que tienen que ver con el concepto de transversalidad. Y, a pesar de todos estos logros, ni siquiera estamos en la línea de salida; será necesario que recorramos juntos algunos espectáculos para empezar a comprender los engranajes del teatro; y aunque hayamos visto un número importante de ellos ni siquiera estaremos atisbando el punto de partida: la misma obra estará sometida a las múltiples variables que influyen en la representación diaria y, más allá, el mismo texto se está permanentemente reescribiendo de la mano del mismo autor. Si a esta mutabilidad del texto -supuestamente la parte más estable en una representación- añadimos la reinterpretación del espectáculo por parte de los actores y directores, será difícil transmitirles alguna certeza que les dé seguridad ante lo que están contemplando.

Reflexiono sobre lo que puedo aportar para que mis alumnos acudan al teatro y sobre todo, no se rindan, ante las dificultades para comprender lo que tienen ante ellos. Creo que es mi entusiasmo a la hora de describirle algunos montajes teatrales y la pecualiaridad de alguna compañía; mi reiterativa insistencia sobre la mágica ceremonia que vamos a contemplar o sobre la inmediatez en el acercamiento a la actualidad que nos permite este género, lo que puedo aportar para guiarlos hacia el teatro; lo demás, vendrá dado por el poso de las lecturas, las experiencias personales y por la capacidad de emocionarse en el cuerpo a cuerpo con el drama.
Foto A.Segade

1 comentario:

Julia dijo...

Estoy bastante de acuerdo contigo, Carlos. Al fin y al cabo, estamos hablando de "la magia de la palabra".